Me levanté exhausto;
Tan solo quería matarme a sangre fría,
Ya la muerte no era un tormento
Y la luz eterna imploraba mi resaca.
Quise levantarme y solo suicidarme
Arrancarme la vida que vibra a cada instante en mi pecho
Parar la agitación de mis manos
Matar la furia de mi vientre
Apagar mis ojos verdes henchidos de amargura,
Para así,
Poder mirarte en la espesura de la sangre
Que se vierte entre tu lejanía y mi lejanía
Sin esperar aun volver a verte…
Por eso, entonces,
¡Pan!
Llegó la muerte.
viernes, 16 de octubre de 2009
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